Antes y después con ética narrativa
Cuida que el antes no caricaturice el objeto ni exagere sus fallas. Muestra suciedad real, desgaste y oportunidades. En el después, evita brillos irreales; celebra imperfecciones hermosas y soluciones honestas. Acompaña con pies de foto que describan decisiones: qué piezas se conservaron, cuáles se sustituyeron, por qué elegiste uniones reversibles. Esa ética visual genera confianza, enseña a mirar mejor y recuerda que reparar no persigue perfección absoluta, sino funcionalidad sensible, estética personal y respeto por los materiales.